Juan Pablo II fue un papa de récords y de estrenos. En contraste con su fondo conservador de fiel nacionalcatólico polaco, dejó las llaves del gobierno ordinario y de la ortodoxia a personas como Ratzinger, y él sembró su pontificado de momentos geniales y de gestos punteros que desconcertaban a sus mismos colaboradores. La reunión interreligiosa de Asís de 1986 y los solemnes mea culpa en la clausura del Año Santo del 2000, fueron hitos estelares en los que se sabe que no estuvo de acuerdo el mismo Ratzinger.

A Benedicto XVI le ha tocado el papel de las segundas partes y de las nuevas versiones de lo hecho por sus predecesores, pero dándoles siempre su sello personal. Ha continuado con los viajes, las grandes concentraciones, con los papamóviles y los papaboys. En un experto en remasterización de eventos antiguos. No se va a oponer frontalmente a nada de lo que hayan hecho sus antecesores, como le aconsejarán sin duda sus amigos paralefebvrianos. Hay que mantener el Vaticano II pero reinterpretando sus textos y reconduciendo su espíritu. Si pudiera, creo que le gustaría promulgar y dirigir un nuevo concilio para hacer esa tarea con más eficacia. Eso es lo que ha hecho ahora, celebrando otra reunión en Asís, en el vigésimo quinto aniversario de la primera, para reconducir y dar el marchamo propio al Espíritu de Asís que entonces surgió.

Efectivamente, si seguimos en detalle y con atención la gran reunión de líderes religiosos que se celebró el jueves pasado, 27 de octubre, en Asís, podremos ver las diferencias introducidas del papa actual. Unas están destinadas a corregir defectos o ambigüedades producidas en la versión anterior y otras pretenden introducir nuevas características: la principal el diálogo con los intelectuales no creyentes, que a él le dio aura de intelectual reconocido y abierto (sus debates con Hubert Habermas) y que es para él parte de la nueva evangelización (el reciente Atrio de los gentiles, encomendado al cardenal Ravasi). Para seguir este acontecimiento me han sido muy útiles los materiales que ofrece la página vatican.va y que permiten a posteriori tener la misma información como si hubiera estado presente en todo.

Recomiendo y ofrezco aquí los vínculos para poder ver los videos:

1.  Vídeo de la sesión de la mañana en Santa María de los Ángeles (2h. 41 m)

2.  Vídeo de la sesión de la tarde en la plaza de San Francisco (1h. 52m.)

Como supongo que no todos se adentrarán en estos materiales para juzgar la nueva versión de  “El Espíritu de Asís” de una manera personal, adelanto estas consideraciones a título totalmente personal, sin implicar a los demás participantes de ATRIO a quienes muchos suelen considerar equivocadamente como un grupo homogéneo.

* * *

Uno de los aspectos más criticados de la sesión de 1986 fue el que se rezase por la paz en común entre todos y el que ofreciesen diversas iglesias de Asís para la celebración de rezos particulares de los distintos credos. Esta vez no se previó ninguna oración común, sino un compromiso por la paz, expresado en la reunión de la tarde en diferentes lenguas y por diferentes delegados. Y se ofreció a los delegados, tras la frugal comida de mediodía, una celda monacal en el convento de Santa María de los Ángeles para poder así cada uno hacer la oración, siguiendo la invitación del evangelio de Mateo: “recogiéndose en la propia habitación”. En el Evangelio se encuentra excusa para todo. Pero lo principal era evitar lo que tanto escandalizó la otra vez. Hace poco aún decía el periodista Vittorio Messori que en el altar mayor de la basílica de Santa Clara un animista africano había sacrificado un gallo. Cosa rotundamente desmentida por los franciscanos de Asís, que afirmaron incluso que ese día esa iglesia se mantuvo cerrada, pero que servía para recrudecer los ánimos de los conservadores contra prácticas de interreligiosidad.

Otro aspecto que se ha corregido hábilmente es que hace veinticinco años no se destacaba suficientemente el carácter totalmente único de la Iglesia católica como única verdadera iglesia instituida por voluntad del único Dios verdadero. Juan Pablo II entró como uno más en la reunión y ocupó un lugar totalmente al de los demás líderes principales. Para Benedicto XVI, aunque esta vez dejó el papamóvil y acudió en el mismo vagón de tren y el mismo minibús que los otros líderes, se le reservaron tiempos y sitios sensiblemente distintos para acceder y sentarse, siendo objeto de especiales saludos de todos que a veces no sabía uno si eran de cortesía o de pleitesía. También sabemos los que asistieron, pero no los que declinaron la invitación. ¿Por qué no estaba esta vez el Dalai Lama que sí que acompañó a Juan Pablo la otra vez?

De especial calidad me han parecido las intervenciones musicales y coreográficas que acompañaban o separaban las diversas partes de los actos. Esta vez estaban encomendadas a los mismos franciscanos, a grupos de la diócesis de Asís y a otros dos –Gen Verde y Gen Rojo– de carácter internacional surgidos del movimiento de los focolaris. Por lo menos había mejor gusto musical que el que manifiestan los grupos de Kiko y participaban preferentemente chicas jóvenes, ya que la juventud y la mujer estaban prácticamente ausentes de esa asamblea de líderes religiosos. Varias obras clásicas y diferentes versiones de oraciones franciscanas por la paz y el Himno de las Criaturas, dominaron en el repertorio.

Hubo muchos discursos, aunque breves, algunos –como el del representante de religiones africanas– acompañados de cánticos e instrumento que el mismo orador de sacó de la túnica. Pero hay dos que quisiera resaltar y que recomiendo leer y comentar, poniéndolos en relación con el discurso principal del papa. Los dos representan unb claro contrapunto al discurso papal,  aunque haya sido uno de los mejores que le he oído. Empecemos por este último.

* * *

El discurso que pronunció el papa en la sesión de la mañana, dirigiéndose al atril desde donde habían intervenido los demás, es el único que consta en la página del Vaticano, en sus diferentes traducciones. Puede leerse aquí en español. Podemos distinguir tres ideas, de cada una de las cuales sacamos un párrafo:

1. Concluida la guerra fría, con la caída del muro de Berlín que aún estaba en pié en 1986, otras guerras están presentes, sobre todo la del terrorismo. Muchos dicen que la religión es causa de violencia y guerras. Y aprovechan esto para defender el ateísmo, para quitar toda religión de la sociedad. Nosotros sabemos que ésa que promueve terrorismo e invasiones no es la verdadera religión. Pero tenemos que purificar la fe en Dios, cada religión la suya. Y el papa añade una explícita autocrítica, más propia de su predecesor:

A este punto, quisiera decir como cristiano: Sí, también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergüenza.

2. Pero el peligro mayor es la indiferencia religiosa. Si desaparece la religión, todo se hace relativo. La humanidad, sobre todo los jóvenes, queda sin valores y abocados al nihilismo. Y aquí resalta su visión pesimista de una humanidad sin Dios:

La adoración de Mamón, del tener y del poder, se revela una anti-religión, en la cual ya no cuenta el hombre, sino únicamente el beneficio personal. El deseo de felicidad degenera, por ejemplo, en un afán desenfrenado e inhumano, como se manifiesta en el sometimiento a la droga en sus diversas formas.

3. Hay muchos hoy que desde el agnosticismo buscan a Dios sin darse cuenta y no encuentran el rostro de Dios en nuestras religiones e iglesias. Y de aquí, de nuevo, la escucha de purificar nuestras creencias:

Así, su lucha interior y su interrogarse es también una llamada a nosotros creyentes, a todos los creyentes a purificar su propia fe, para que Dios –el verdadero Dios– se haga accesible.

Verdaderamente un buen mensaje. ¿Pero qué entenderá el papa por “purificar la fe”? ¿Hacerla más ciega y obediente al magisterio sin necesidad de cambios profundos en creencias y prácticas?

* * *

Creo que a esa última pregunta respondían, desde otra perspectiva, otras dos intervenciones que se oyeron en la sesión de la mañana.

1. La intervención del Secretario general del Consejo Mundial de las Iglesias, el pastor noruego Olav Fykse (n. 1960), quien partió de la vivencia revolucionaria de fe del joven Francisco de Asís, para ponerlo como ejemplo de la fe y de la iniciativa que hoy están demostrando los jóvenes del mundo. Francisco de Asís fue considerado un loco cuando rompió con las convenciones de su tiempo y cuando en 1219 hizo un viaje a Egipto para hablar con el sultán enemigo que luchaba contra los cruzados que querían reconquistar Jerusalén. La generación de los jóvenes del nuevo milenio, condenada en todas partes al paro y a la precariedad a las que nuestro sistema les destina, no apaga su coraje de promover movimientos de libertad, justicia y solidaridad en todos los continentes. Nuestra época les necesita como nuevos hacedores de fe y justicia. Y sin embargo nuestras iglesias y nuestra sociedad les vuelve la espalda. Véase todo su texto en español aquí, traducido del texto inglés que pronunció y se ha publicado en  la página oficial del WCC. He aquí algunas de sus frases:

  • El mundo necesita a pacificadores de fe. Las comunidades de fe — como las 349 iglesias miembros del Concilio Mundial de Iglesias — necesitan jóvenes “Fabricantes del Cambio” del mundo.
  • En el curso de una guerra que se combatía para lograr reconquistar Jerusalén, Francisco fue a compartir experiencias de fe con el Sultán de Egipto. Como muchos cruzados, él fue a convertir al otro. Pero resultó cambiado, convertido él mismo.
  • El Consejo Mundial de las Iglesias ha contraido para los próximos años el compromiso claro de trabajar precisamente por la paz para Jerusalén y para todos los pueblos que viven alrededor de esa ciudad cuyo nombre es Shalom-Salaamin. Es la ciudad denominada y destinada a ser una casa de la paz, pero que a través de historia tan a menudo ha llegado a ser un lugar de conflicto.

Es verdad que el papa habla mucho de los jóvenes y de la esperanza que representan para la nueva evangelización. Pero ¿habla a los jóvenes de hoy con sus problemas y aspiraciones o a los miembros de movimientos fundamentalistas, animándoles a obedecer más que a reaccionar por su cuenta a los problemas, como parece que hace este pastor?

2. La intervención de la psicoanalista lacaniana de origen búlgaro Julia Kristeva, una de las cuatro no creyentes que aceptaron la invitación a asistir y única mujer que habló. En su página web está el discurso hablado y escrito en francés. Nosotros hemos traducido para Atrio la parte del discurso que ella pronunció, ya que tuvo que abreviarlo al tener sólo 5 minutos. Se puede encontrar aquí. Y éstas son algunas de sus frases más destacadas:

  • ¿Qué es el humanismo? Un punto de interrogación frente a dos temas serios: Dios y el hombre. En la gran tradición europea –griega, judía y cristiana– surge este acontecimiento que no cesa de prometer, de decepcionar y de refundarse.
  • El humanismo del siglo XXI no es un teomorfismo. Es decir que no es un “valor” ni un “fin” superior. El Hombre con mayúsculas no existe. Tras la Shoah y el Gulag, el humanismo tiene el deber de recordar a los hombres y a las mujeres que si nos consideramos los únicos legisladores, si decimos que podemos decidir la sociedad y la historia, es únicamente porque continuamente estamos cuestionando nuestra situación personal, histórica y social.
  • El humanismo es una feminismo. La liberación de los deseos debía conducir a la emancipación de las mujeres. Los combates por una paridad económica, jurídica y política requieren una nueva reflexión sobre la elección y la responsabilidad de la maternidad. La secularización es aún la única civilización que carece de discurso sobre lo maternal.

Alguien podrá disentir de algunos puntos de este humanismo abierto de Julia Kristeva. Pero lo importante es que, al aceptar pronunciar este discurso en la reunión de Asís, estableció un precedente simbólico. Todas las religiones ­–y sobre todo la gran Iglesia Católica, que se presentaba en esa ocasión, más que como simple anfitriona, como super-líder de lo religioso– deberán en adelante aceptar que la búsqueda de lo más profundo de la condición humana, para encontrar en ella fundamento de una ética común, constructora de paz en justicia, no pasa necesariamente por la fe en un Ser Superior sino en el ejercicio de actualizar continuamente la memoria y asumir la responsabilidad histórica respecto al pasado, presente y futuro de la humanidad y del planeta. ¡Basta ya de demonizar la ausencia de Dios en la sociedad, mientras se presume de ser avanzado por dialogar con los no creyentes!

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