Vivimos en un momento capital de nuestra historia, inmersa en un proceso de profunda transformación, pero que contiene numerosos gérmenes de vida, abundantes expectativas y esperanzas de reconstrucción positiva, copiosas preguntas de contemporáneos nuestros que procuran dar nuevos significados y nuevos contenidos a sus vidas.

Se nos estimula e interpela a que, sabiendo captar las numerosas exigencias positivas que emergen de nuestro mundo, demos razón de la esperanza que hay en nosotros (cf. 1 Pe 3,15) y la expresemos visiblemente con símbolos y con un estilo de vida significativo para el hombre de hoy.

San Francisco y su mensaje mantienen una actualidad sorprendente, capaz de despertar simpatía y acogida en todas las culturas. Francisco está más vivo que nunca y habla a los hombres de hoy. ¿Lograremos encarnar su proyecto evangélico y comunicarlo con convicción y alegría mediante una visibilidad atrayente que abarque alma y cuerpo, vida y palabra, comportamientos personales y relacionales?

Ese es el reto que el mundo actual nos dirige en nuestro camino del tercer milenio…

fraternidad1Lo que nos falta, una vez más, no es la palabra o gestos aislados de generosidad, sino formas concretas, alternativas de vida en Fraternidad. Estamos sufriendo, como dice san Pablo, «dolores de parto».– [Fraternitas, Nº 56, julio de 2000]

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