Rasgos peculiares del joven frente al acompañamiento

vocacional

En la medida en que los jóvenes están afectados por lo que se ha convenido en llamar “la modernidad” se puede destacar con bastante exactitud, según parece, algunos rasgos comunes. El retrato que a continuación describiremos corresponde más bien al modelo noroccidental, pero este modelo tiende a universalizarse, tanto en sus valores como en sus debilidades y cada cultura o realidad específica aportará los retoques que exija su propia originalidad.

 

¿Quiénes son los jóvenes que acompañamos?

No es fácil dar una definición de juventud o de los jóvenes que pueda aplicarse universalmente a contextos diversos en el tiempo y en el espacio. El concepto de juventud está condicionado efectivamente por muchas variables.

En efecto, Milanesi afirma que la historia nos dice que en el pasado el concepto de juventud ha sufrido muchos cambios. Diversas disciplinas se ocupan de esta problemática. La biología nos advierte que las condiciones de vida de una determinada sociedad pueden anticipar o posticipar las fechas de inicio de la madurez bio-psicológica del individuo. La psicología ha llegado ya a la convicción que los procesos de maduración no dependen sólo del hecho de ser jóvenes, sino que dependen en gran parte del contexto social que es muy mutable. La etno-antropología ha hecho entender que en las culturas donde la madurez fisiológica tiende a coincidir con la madurez social no existe prácticamente la adolescencia y ni siquiera la juventud, y el muchacho pasa directamente a la vida adulta. De aquí la hipótesis, sucesivamente desarrollada, que la adolescencia, la juventud, sean sólo productos sociales, esto es el resultado problemático de un cierto tipo de desarrollo y no la característica “natural” del desarrollo de la persona humana.

La juventud no puede, por lo tanto, estar caracterizada ni determinada por la edad juvenil, pues existen otros factores que determinan el “status” juvenil. Se puede aplicar a los jóvenes esta definición:

«La juventud es una condición de vida de las personas que están entre la pubertad y el logro de la madurez social».

La madurez social puede significar, haber terminado los estudios, tener la propia casa, hacerse una familia, tener un trabajo, tener autonomía psicológica, afectiva, mental. En el así llamado primer mundo viene trasladado artificialmente el punto de llegada a esta madurez social, por lo tanto se prolonga la juventud. En cambio en los países del tercer mundo muchas veces de la infancia se pasa directamente a la vida adulta. A los doce años es necesario ya ser autónomos, tener el trabajo, conducir una vida adulta. Hay otro hecho que subrayar y es que en ciertos países existen muchos jóvenes en el sentido biológico, es decir muchas personas de edad joven, pero no hay jóvenes, no existe la juventud en el sentido sociológico en cuanto estas personas de edad joven no tienen la mentalidad juvenil, no tienen la consciencia de ser jóvenes, no son capaces de crear una cultura, un estilo de vida propio de jóvenes.

Hemos dicho que la juventud es una condición de vida. Ya no se aplica más a los jóvenes la categoría de “grupo de edad” o “generación”. Se abandona también el concepto de la juventud como un tipo de “cultura” o “sub-cultura” a causa de las reales imposibilidades de considerar a los jóvenes como un sujeto unitario y homogéneo. Hoy se prefiere definir a los jóvenes como un estrato social.

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